La historia nos ha demostrado que los principales cambios epocales han sido acompañados frecuentemente de revoluciones científicas y técnicas asombrosas. No cabe duda que el mundo que hoy conocemos no sería el mismo sin el rol de las herramientas en la prehistoria, del desarrollo de la ingeniería en el período de los grandes imperios o sobre el rol de la química en la revolución industrial.
Estas ráfagas donde la humanidad ha sostenido su avance y civilización también han sido respuesta a movimientos de la sociedad por mejorar sus condiciones materiales y espirituales; y concretadas por la vía de la fuerza en los momentos más opacos de nuestra historia o por la vía de la invención, el diálogo y la creatividad en aquellos momentos más coloridos.
Sin embargo, pasan inadvertidos los papeles que jugaron las «instituciones públicas» en aquellos contextos. El tránsito de sociedades nómadas a sedentarias y las estructuras asociativas; la invención de la democracia, su fortalecimiento y generalización; o bien la formulación de las instituciones modernas que estructuran la administración del mundo construido y median los múltiples intereses privados y colectivos. Trayendo esa discusión a tiempos recientes, es profusa la literatura que muestra que tras la masificación del modelo económico y social neoliberal, las administraciones públicas han basado sus fundamentos en matrices que han evolucionado conjuntamente con dichas ideas.
En Chile, tras la vuelta a la democracia, y recibiendo un Estado despojado de toda posibilidad de gestionar la vida social del momento, se iniciaron profundas reformas. Esto se motivó fundamentalmente para contar con recursos financieros para sostener una sociedad con una demanda creciente de servicios públicos y de la necesidad de contar con la información adecuada para la focalización de la política social en Chile. Este período materialmente iniciado en el gobierno de Frei Ruiz-Tagle representó avances significativos y perspectivó un Estado que respondió con relativa eficiencia y eficacia a la ciudadanía por más de 30 años, con evidentes logros pero también costos importantes.
No obstante, no es posible abstraernos de nuestra realidad y bajo mi perspectiva, estamos pasando por otra de las ráfagas que hablamos al principio.
El agotamiento de las instituciones, las consecuencias del Estallido Social, las crisis gatilladas por efecto de la pandemia global del Coronavirus en la economía y salud de la sociedad; y los problemas epocales como el cambio climático y el fenómeno migratorio actual; son señales inequívocas que el Chile que conocimos y conoceremos se están solapando en el presente. La salida de este ciclón puede ser un retroceso en la ruta civilizatoria y nos exige a quienes queremos salvar lo público de la tempestad y habilitar la protección del Estado a la sociedad de los vientos huracanados, incurrir en reformas que logren, al igual que ha sucedido a lo largo de la historia, acompañar el cambio epocal con instituciones ágiles y que conciten el consenso y sentido de utilidad para el Chile actual y futuro.
La pregunta inmediata es cómo. Hay una luz de esperanza para aquello: Los avances de la ciencia y la tecnología galopan a ritmos frenéticos como nunca antes. El desarrollo de la inteligencia artificial, la ciencia de datos y la interconexión global son oportunidades que no podemos desechar ni observar ajenamente. El salto cualitativo y cuantitativo en la formulación, administración y evaluación de las políticas públicas puede ser colosal si se enlazan estos universos sinérgicamente.
Finalmente, es prudente señalar que sea como sea naveguemos en esta tormenta, el cambio institucional será decantado por la correlación de fuerzas y la eficacia que pueda mostrar la política pública. El ejemplo de Nayib Bukele es sencillamente demoledor. Un país azotado por el crimen organizado y el narcotráfico encontró respuestas populistas en un joven presidente que hizo del problema una oportunidad para mostrarnos, nuevamente, que las instituciones no son neutras, deben responder a tiempo y que descuidarlas no solo es un error estratégico sino que los populismos se constituirán por la vía de reescribir la civilización.


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