
A raíz del cambio de gabinete y del año de gestión del gobierno, durante las últimas horas no son pocas las columnas que se apuran en insistir en la tesis de la inexperiencia y el resurgimiento concertacionista en el círculo más inmediato de gobierno del Presidente Boric para los fenómenos políticos recientes. Sin embargo, a mi modo de ver, aquella discusión no solo es infructífera y genera divisiones en la alianza de gobierno sino que nos hace mirar hacia los lados y no permite diseñar las señales al país respecto de la hoja de ruta hacia adelante de los desafíos por los cuales hemos sido depositarios de la confianza popular para guiar y navegar en el ciclo político y económico actual.
Esta tarea no es baladí. Pero antes, no es posible entender la relevancia para la sociedad chilena de esa guía sin explicitar la lectura sobre los motivos de la victoria del Presidente Boric hace un año y un par de meses.
Su victoria representó la canalización de las expectativas de una sociedad atormentada por una dramática policrisis y acentuada por la rudeza del sistema para mantener el bienestar material logrado (crisis económica y de seguridad), la fractura entre política y sociedad (crisis de representatividad) y por cierto, una administración que se negó a gobernar (crisis política) por fuera del dogma neoliberal que actuó como una camisa de fuerza ante dos de los acontecimientos políticos más relevantes de los últimos años: el estallido social y la pandemia global del Coronavirus.
Cómo se retoman las actividades con relativa normalidad cuando el alza en el costo de la vida es una realidad, el aumento descontrolado de la migración se manifiesta, la mayor presencia de delitos violentos atemoriza y el avance de los procesos políticos acentúan cierta polarización. El tensionamiento de una sociedad que se encuentra ya con una salud mental extremadamente deteriorada parece no ser una buena idea; no hay margen de error.
Por fortuna, el gobierno ha tocado teclas correctas durante este último tiempo. La gestión de los megaincendios que acumulan más de 433 mil hectáreas consumidas en el centro-sur del país mostraron a un Presidente y a su equipo enfocados en justamente resolver los problemas más acuciantes de la gente. El prescindir de tomar protagonismo en tiempos tempranos en el proceso político del Consejo Constitucional también ha sido un acierto; el conjunto de medidas en el marco del mes feminista como la sala cuna para Chile, anticonceptivos a bajo costo; el copago 0 en salud; y los resultados económicos de la disciplina fiscal y el trabajo conjunto de las instituciones económicas del país también han sido un motivo de alegría.
A mi parecer, apuntalar ese estilo de gobierno es esencial en lo venidero. Los últimos acontecimiento respecto al rechazo de la idea de legislar de la reforma tributaria y el cambio de gabinete se podrían convertir en un punto de inflexión para el gobierno y podrían actuar sinérgicamente como la oportunidad de exponer a la ciudadanía que es posible buscar los caminos a pesar de los torbellinos que algunos grupos políticos generan en contra de los intereses de las amplias mayorías del país.
A pesar de los contratiempos, si esta sigue siendo la «cruz del sur» del gobierno y de los partidos, estaremos más cerca de lo que soñamos para Chile.
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