El período de instalación de un nuevo gobierno goza de un pequeño y acotado margen de tiempo, donde no sólo el capital político es significativamente mayor al resto del período de gobierno, sino que también es cuando las coaliciones se consolidan y se vislumbran los primeros posicionamientos en el mapa político tanto oficialista como de oposición. Tradicionalmente, se tiende a mirar al gobierno como el único responsable de mantener la coalición unida, pero poco se ha debatido del rol que debe jugar -ahora- el Congreso y los partidos para contribuir en esa unidad.
En el mismo sentido de las palabras del ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson, y de la vocera de Gobierno, Camila Vallejo, estos primeros 15 días no han sido sencillos. A mi juicio, se ha rebarajado rápidamente el cuadro político con una férrea oposición y un oficialismo cuajando de manera más lenta. El Presidente Boric y su equipo atajó con claridad este escenario en un encuentro con miras a recomponer la unidad política bajo un marco programático y legislativo común, estableciendo prioridades y entregando un respiro en un complejo contexto.
Si bien este pliego de prioridades es certero y encuentra un fiel correlato en las necesidades territoriales como la gestión de la vuelta a clases, la atención a la escasez hídrica, o los esfuerzos ya desplegados por disminuir los precios de los combustibles; también evidencia un imperativo implícito de orden para las coaliciones de gobierno.
Los siguientes días, el orden político ha de trasladarse hacia las actorías oficialistas del Congreso, desincentivando el actuar individual un tanto desacoplado de la estrategia de gobierno. Tal vez sea porque somos un oficialismo acostumbrado a autopercibirse como oposición, desde la vereda de la otredad, el peticionismo y de lo contrahegemónico. No obstante, esto debe superarse en el corto plazo. Sin ánimos de perder autonomía ni el legítimo disenso, debemos entender que se es oficialismo en las buenas, malas y peores.
Por su parte, el gobierno y el comité político de los partidos oficialistas deberán agudizar la precisión y atender mayores y crecientes dolores de los territorios, como también la gestión y sostén de la política de alianzas. Así, con el proceso de instalación en pleno curso, es natural la comisión de aciertos no planificados o errores menores no forzados. Sin embargo, es prudente indicar que mientras siga subiendo la altura y la complejidad de los compromisos adquiridos, mayor será la tarea de los partidos y el gobierno en concentrarse en lo que nos une y cada vez menos en lo que nos diferencia.
Por Mauricio Morán Escudero. Magíster © en Gobierno y Gestión Pública, de la Universidad de Valparaíso. Ingeniero en Negocios Internacionales, de la Universidad de Valparaíso.

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