Se dice que uno de los principales desafíos del Presidente Boric tiene que ver con responder a las expectativas que allí fuera logró convocar para el triunfo electoral. Dicho problema -u oportunidad-, según lo han indicado profusamente en medios de comunicación, será el principal escollo en un contexto de magros resultados económicos con una inflación asfixiante y una inversión con miedos y resistencias a lo venidero. ¿Cómo podría el Presidente cumplir con lo prometido si la realidad es adversa a esos objetivos?
Se vuelve un tanto maniqueo reducir las expresiones de la expectativa a un mero asunto de cumplimiento de metas en un período de tiempo específico. La historia política reciente ha mostrado que las expectativas se juegan en más campos o dimensiones que el de la eficacia, como bien se demostró en los últimos cuatro gobiernos que terminaron entregando la banda presidencial a sus opuestos ideológicos, a pesar de las grandilocuentes campañas comunicacionales del «gobierno de los mejores» y del máximo cumplimiento programático de la alianza de gobierno en Bachelet 2.
Así, el problema de las expectativas se torna un poco más complejo y por tanto, requiere de mayor análisis en torno a las dimensiones de aquella. A mi juicio, las dimensiones que podrían resultar interesantes para medir las expectativas son: la gestión de gobierno, la gestión de la alianza político-social estratégica y el estilo de gobierno.
En primer lugar, la mayor vara de cualquier gobierno es la gestión económica. El presidente ha dado señales contundentes en esta materia, generando alianzas estratégicas con las MiPYMES como el actor de la recuperación y de transición ecológica como objetivo de ella. Concordantemente con ello, se ha designado a un equipo altamente calificado y de buen manejo político. En materia de macroeconomía, ha puesto un pívot de Ministro de Hacienda que entrega certezas al sector con quién no se tiene mayor interés de concretar más allá de convocarlos a ciertos asuntos complejos para la sociedad como mayor distribución de riquezas o la gestión ambiental de la inversión.
En segundo lugar, la gestión de la alianza político-social estratégica ha sido sujeto de debates sustantivos. ¿Con quién construyó su masivo triunfo electoral? Pareciera que fundamentalmente con las mujeres y la juventud, que incluso se entrecruzan con distinto grado de intensidad como en el movimiento feminista y el movimiento ambientalista. Sin embargo, la gran diversidad de demandas sociales muestran un sujeto difuso que el Presidente reafirmó como propio en su discurso en el balcón del Palacio de la Moneda: «No nos olvidamos de dónde venimos». Sin embargo, es legítimo consultarse el diseño de esta gestión. ¿Desde dónde o qué aparato institucional se podrá gestionar dichas alianzas? ¿Qué rol jugarán los partidos de Apruebo Dignidad?
En tercer lugar, el estilo de gestión o el cómo se gobierna adquiere relevancia tras años de una sordera institucional que entre tantos otros factores decantó en un estallido social. Hoy muy por el contrario, la figura presidencial está siendo reformulada y los ministerios revisados con explícitos llamados del Presidente para acudir al territorio y escuchar más que hablar. En palabras de las personas que acudieron al discurso en La Moneda: un Presidente sencillo y cercano, especialmente con la niñez.
Finalmente, el Presidente ha sido hábil en manejar un sano balance entre la visión tradicional de la expectativa con sus referencias y recursos literarios: “vamos lento porque vamos lejos”. No obstante y sin intención de agotar el debate respecto a las expectativas, sino por el contrario, ampliarlo en una visión más integral que lo indicado por los militantes del management, es que quienes vemos y analizamos la política y lo público, nos logremos despercudir del nublo electoral donde todos y todas somos iguales en el voto y miremos lo que pasa allí fuera con la diversidad, escalas, capas y complejidades de los movimientos en lo social de los individuos y colectivos.
Por Mauricio Morán Escudero. Magíster © en Gobierno y Gestión Pública, de la Universidad de Valparaíso. Ingeniero en Negocios Internacionales, de la Universidad de Valparaíso.

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